lunes, 28 de septiembre de 2009

Las leyes de Esparta


“A una mujer de Esparta le preguntaron por qué las espartanas gozaban de más libertad que el resto de las mujeres griegas. “Porque somos las únicas que parimos hombres” replicó ella.”

Según la mitología griega, el mismo dios Apolo dio las leyes a Esparta y los espartanos se jactaban de haber obedecido estas leyes fielmente durante toda su historia. Estas leyes no estaban grabadas en tabla o piedra, sino en el corazón de los ciudadanos. Tres ideas son el fundamento de la republica lacedemonia:
  • La buena educación: el niño espartano, a partir de los siete años de edad, era educado en común con sus compañeros a cargo de la ciudad. Cualquier ciudadano podía intervenir y reprender al joven que faltara en algo en lo referente al buen orden, virtud y decoro. Por medio de la educación el joven aprendía las primeras letras, danza, gimnasia, disciplina militar, las leyes de la ciudad y el orgullo de su defensa. Los espartanos estiman que ningún hombre es, por su nacimiento, más fuerte o prudente que otros. La excelencia (“areté”) es producto de la educación (“agogué”).
  • Menosprecio de la riqueza: se promulgaron unas leyes suntuarias, de obligado cumplimiento, tendentes a desterrar de la vida diaria todo lujo y ostentación. El resultado fue una sociedad autosuficiente de iguales que se contentaba con lo necesario. Este sustento necesario se proveía de sobra con la producción agrícola del territorio que ocupaban.
  • Amor a la patria: la miserable situación de los vencidos debe servir de ejemplo disuasorio para la conducta cobarde o desordenada en la guerra. La consecuencia de la indisciplina y de la cobardía es la derrota, y el precio que se paga por la derrota es una vida peor que la muerte. La tierra de la patria es sagrada, un don de Zeus. Nunca se extingue la gloria del valiente que muere luchando en defensa de la patria e hijos, ni muere su nombre. Los espartanos no tuvieron ambición imperialista alguna. Renunciaron a llevar la guerra lejos de su territorio, no fundaron colonias, no se dedicaron al tráfico marítimo ni aspiraban al dominio del mar. Sólo en el contexto de su ciudad y por obra de ella, pueden los hombres alcanzar los bienes de sencillez, prudencia y fortaleza; por eso no es injusto ni desmedido arriesgar la vida para que la ciudad siga viviendo.

Extraído del libro “Ideas y formas políticas. De la antigüedad al renacimiento” – Ana Martínez Arancón, Elena Casas Santero, Ignacio Casas Santero - 2004

“A ún ahora siento el siroco calentarme las mejillas, removerme las hojas de los cabellos. Reía, no sé que era. Con los ojos cerrados, con la boca seca, escuchaba mi sangre y sus inundaciones imprevistas. Y he aquí que el corazón me dio un salto de zorro bajo la mano, grité, supe que yo estaba en la tierra, con mi olor y mi muerte. Pero ya los compañeros me llamaban, ya corría por el campo, borrando bajo los talones las largas hileras de hormigas rojas.
Después todo fue diferente. Perdí los amigos uno a uno. Aprendí a ir con la gente de campo, a recoger la mostaza, las olivas, las limas: sólo para cansarme las manos, para poder dormir de noche. Aprendí el placer de las grandes caminatas nocturnas, cuando la luz de la luna inunda hasta rebosar el valle y es agradable acompañarse con las largas sombras que origina.
Ya no pasaba horas en el balcón inventando, en las nubes, carretas y yuntas de mulas resonantes de cascabeles; sino que paseaba solo entre dos márgenes del sendero repitiendo lentamente mi nombre hasta saciarme la boca. Desde entonces me perdura esta insensatez de los sentidos y un salírseme el corazón del pecho apenas llega el verano. Me parece que alguien, por tanto, un patrono despiadado, confunde adrede en mi camino horas falsas y horas inocentes. Así, al igual que quien anda a tientas jugando a la gallina ciega con desconocidos, bajo mis dedos desilusionados sólo sé encontrar monstruos.”

Fragmento del capítulo "Inseguridades de Orfeo” – “Perorata del apestado” – Gesualdo Bufalino.
“Y me decía que el verano había terminado, y junto con él mi gloria. Y que de tantas fiebres, y frases, y pañuelos empapados en lágrimas y sangre, pronto se habría consumido hasta el recuerdo, habían sido unas vacaciones, una flaqueza del corazón que quería prepararse a morir. Como todas las grandes pestes, también esta ínfima peste mía terminaba con una lluvia. Junto con el agua que manaba de mi pelo y me surcaba las mejillas, el mal se desprendía de mí, partía. Pero con él, todo resto de orgullo; con él, tal vez, la juventud. Mañana me esperaban otros caminos. Fáciles, ruidosos, comunes. La fe a medias, las falsas banderas. Me resignaría a ello, ¿qué otra cosa podía hacer? Puesto que la seducción de la nada era inútil, repugnándole al corazón por tantos indicios dejarse persuadir por ella. Y ni la infelicidad, con su amarga miel, me servía ya.”

Fragmento del capítulo “Sangre roja y lluvia negra” – “Perorata del apestado” – Gesualdo Bufalino.

domingo, 20 de septiembre de 2009


“Marr vividly recalls the time he first played the tune to Morrissey during a lucrative night’s writing session: “Morrissey was sat on a coffee table, perched on the edge, I was sat with my guitar on a chair directly in front of him. He had a walkman recording, waiting to hear what I was gonna pull out, So I said, “Well I’ve got this one” and I started playing these chords. He just looked at me as I was playing. It was as if he daren’t speak, in case the spell was broken. When we first played it, I thought it was the best song I’ve ever heard.”

Mozzipedia-The encyclopedia of Morrissey and The Smiths

“Take me out tonight
Where there’s music and there’s people
And they’re young and alive
Driving in your car
I never never want to go home
Because I haven’t got one
Anymore

Take me out tonight
Because I want to see people and I
Want to see life
Driving in your car
Oh, please don’t drop me home
Because it’s not my home, its their
Home, and I’m welcome no more

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine

Take me out tonight
Take me anywhere, I don’t care
I don’t care, I don’t care
And in the darkened underpass
I thought oh god, my chance has come at last
(but then a strange fear gripped me and i
Just couldn’t ask)

Take me out tonight
Oh, take me anywhere,
I don’t careI don’t care,
I don’t care
Driving in your car
I never never want to go home
Because I haven’t got one, da ...
Oh, I haven’t got one

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine

Oh, there is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out”

“There is a light that never goes out” - The Smiths - 1986
“Repitámoslo: en su origen, la ética del trabajo fue el medio más efectivo para llenar las fábricas, hambrientas de mano de obra. Ahora, cuando esa mano de obra pasó a ser un obstáculo para aumentar la productividad, aquella ética todavía puede cumplir un papel. Esta vez sirve para lavar las manos y la conciencia de quienes permanecen dentro de los límites aceptados de la sociedad: para eximirlos de la culpa por haber arrojado a la desocupación permanente a un gran número de sus conciudadanos. Las manos y la conciencia limpia se alcanzan, al mismo tiempo, condenando moralmente a los pobres y absolviendo a los demás.”
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Extraído de "Trabajo, consumismo y nuevos pobres" de Zygmunt Bauman

Orfeo y Eurídice (II)


Jean-Baptiste Camille Corot - Orfeo guiando a Eurídice desde los Infiernos - 1861

Su música y la prueba de su amor convencen a Hades y Perséfone que autorizan a Orfeo a llevarse a Eurídice y devolverla a la vida.

“Entonces Orfeo cantó sólo para el pequeño Anceo una canción de dulzura tan penetrante que éste no pudo contener las lágrimas. Y siempre, desde entonces, en las guardias silenciosas de noches estrelladas, aquellas palabras y su melodía resonaban en su cerebro:

“Ella confiesa su amor mientras está medio dormida,
En las horas oscuras
Con medias palabras, en susurros:
Mientras la Tierra se mueve en su sueño invernal
Y hace germinar la hierba y las flores
A pesar de la nieve,
A pesar de la nieve que cae.”

Anceo sabía cómo se llamaba la mujer de la canción: era Eurídice, la hermosa mujer de Orfeo. “

Capítulo 13 – El vellocino de oro – Robert Graves

Orfeo y Eurídice (I)



François Perrier – Orfeo ante Hades y Perséfone – c. 1647-1650

La ninfa Eurídice, amada esposa de Orfeo, resulta mordida por una serpiente y muere. Desconsolado, Orfeo no vacila en emprender el viaje al mundo subterráneo, el reino de Hades y Perséfone, en un intento por devolver a Eurídice al mundo de los vivos. Para lograr que le abran la puerta del Infierno y escapar a los peligros que el mundo subterráneo reserva a los intrusos, Orfeo utiliza todo su talento musical.

“Tañendo las cuerdas para acompañar su canto, dijo así:“Oh dioses del mundo subterráneo, al que venimos a caer todos los que nacemos mortales, si puedo, si me permitís que diga la verdad dejando de lado los rodeos de una boca falaz, yo no he bajado hasta aquí para ver el oscuro Tártaro ni para encadenar los tres cuellos erizados de culebras del monstruo meduseo; la razón de mi venida es mi esposa, en quien una víbora, al ser pisada, inoculó su veneno, arrebatándole así sus jóvenes años. Habría querido poder soportarlo, y no voy a negar que lo intenté: pero el Amor venció. Es este un dios bien conocido en el mundo de la superficie: desconozco si lo es también aquí. Pero espero que lo sea, y si es cierto lo que se dice del antiguo rapto, también a vosotros os unió el amor. ¡Por estos lugares donde reina el miedo, por esta oscuridad interminable, por los silencios de este vasto reino, yo os suplico que volváis a tejer los hilos del precipitado destino de Eurídice! Todas las cosas, todos nos debemos a vosotros, y todos, tras una breve demora, nos apresuramos, más tarde o más temprano, hacia una misma sede. Aquí nos dirigimos todos, ésta es nuestra última morada, y vosotros ejercéis sobre el género humano el más largo de los dominios. También ella, cuando haya cumplido plenamente los años que le corresponden, quedará en vuestro poder: lo que os pido como favor es que me concedáis su disfrute. Porque si los hados me niegan esta gracia para mi consorte, yo, desde luego, no querré regresar: podréis alegraros con la muerte de los dos”. Mientras él decía estas cosas, acompañando las palabras con el tañido de las cuerdas, las almas exangües lloraban.”

Libro Décimo – “Metamorfosis” - Ovidio

Subsidio universal

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"En rigor, la propuesta de disociar el derecho a un ingreso de la capacidad de obtenerlo es cualquier cosa menos una idea conservadora. Por el contrario: de nuestro razonamiento surge que haría falta un giro violento para ponerla en práctica. Habría que renunciar a unos cuantos supuestos hoy sagrados (más que sagrados, por ser irreflexivos) sobre nuestro modo de vida. Olvidarse , por ejemplo, de que la eficiencia es buena siempre, sin importar para qué sirva y cuál pueda ser su consecuencia en términos de sufrimiento humano. O que esto que se llama "crecimiento económico"-que estadísticamente puede definirse como "más hoy que ayer, mañana más que hoy"-es bueno en sí mismo, también, sin importar el daño que produzca a la condición humana y a la naturaleza, esta condición compartida por toda la humanidad.
A quienes digan que la violencia del giro constituye, de por sí, un poderoso argumento para no intentarlo, se les contestará citando una vez más a Cornelius Castoriadis. Cuando uno de sus entrevistadores le preguntó: "¿Qué quiere, entonces?¿Cambiar la humanidad?", Castoriadis respondió:"No; algo mucho más modesto: quiero que la humanidad cambie, como ya lo hizo dos o tres veces"."
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Extraído del libro "Trabajo, consumismo y nuevos pobres" - Zygmunt Bauman