
François Perrier – Orfeo ante Hades y Perséfone – c. 1647-1650
La ninfa Eurídice, amada esposa de Orfeo, resulta mordida por una serpiente y muere. Desconsolado, Orfeo no vacila en emprender el viaje al mundo subterráneo, el reino de Hades y Perséfone, en un intento por devolver a Eurídice al mundo de los vivos. Para lograr que le abran la puerta del Infierno y escapar a los peligros que el mundo subterráneo reserva a los intrusos, Orfeo utiliza todo su talento musical.
“Tañendo las cuerdas para acompañar su canto, dijo así:“Oh dioses del mundo subterráneo, al que venimos a caer todos los que nacemos mortales, si puedo, si me permitís que diga la verdad dejando de lado los rodeos de una boca falaz, yo no he bajado hasta aquí para ver el oscuro Tártaro ni para encadenar los tres cuellos erizados de culebras del monstruo meduseo; la razón de mi venida es mi esposa, en quien una víbora, al ser pisada, inoculó su veneno, arrebatándole así sus jóvenes años. Habría querido poder soportarlo, y no voy a negar que lo intenté: pero el Amor venció. Es este un dios bien conocido en el mundo de la superficie: desconozco si lo es también aquí. Pero espero que lo sea, y si es cierto lo que se dice del antiguo rapto, también a vosotros os unió el amor. ¡Por estos lugares donde reina el miedo, por esta oscuridad interminable, por los silencios de este vasto reino, yo os suplico que volváis a tejer los hilos del precipitado destino de Eurídice! Todas las cosas, todos nos debemos a vosotros, y todos, tras una breve demora, nos apresuramos, más tarde o más temprano, hacia una misma sede. Aquí nos dirigimos todos, ésta es nuestra última morada, y vosotros ejercéis sobre el género humano el más largo de los dominios. También ella, cuando haya cumplido plenamente los años que le corresponden, quedará en vuestro poder: lo que os pido como favor es que me concedáis su disfrute. Porque si los hados me niegan esta gracia para mi consorte, yo, desde luego, no querré regresar: podréis alegraros con la muerte de los dos”. Mientras él decía estas cosas, acompañando las palabras con el tañido de las cuerdas, las almas exangües lloraban.”
Libro Décimo – “Metamorfosis” - Ovidio
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