
“A una mujer de Esparta le preguntaron por qué las espartanas gozaban de más libertad que el resto de las mujeres griegas. “Porque somos las únicas que parimos hombres” replicó ella.”
Según la mitología griega, el mismo dios Apolo dio las leyes a Esparta y los espartanos se jactaban de haber obedecido estas leyes fielmente durante toda su historia. Estas leyes no estaban grabadas en tabla o piedra, sino en el corazón de los ciudadanos. Tres ideas son el fundamento de la republica lacedemonia:
- La buena educación: el niño espartano, a partir de los siete años de edad, era educado en común con sus compañeros a cargo de la ciudad. Cualquier ciudadano podía intervenir y reprender al joven que faltara en algo en lo referente al buen orden, virtud y decoro. Por medio de la educación el joven aprendía las primeras letras, danza, gimnasia, disciplina militar, las leyes de la ciudad y el orgullo de su defensa. Los espartanos estiman que ningún hombre es, por su nacimiento, más fuerte o prudente que otros. La excelencia (“areté”) es producto de la educación (“agogué”).
- Menosprecio de la riqueza: se promulgaron unas leyes suntuarias, de obligado cumplimiento, tendentes a desterrar de la vida diaria todo lujo y ostentación. El resultado fue una sociedad autosuficiente de iguales que se contentaba con lo necesario. Este sustento necesario se proveía de sobra con la producción agrícola del territorio que ocupaban.
- Amor a la patria: la miserable situación de los vencidos debe servir de ejemplo disuasorio para la conducta cobarde o desordenada en la guerra. La consecuencia de la indisciplina y de la cobardía es la derrota, y el precio que se paga por la derrota es una vida peor que la muerte. La tierra de la patria es sagrada, un don de Zeus. Nunca se extingue la gloria del valiente que muere luchando en defensa de la patria e hijos, ni muere su nombre. Los espartanos no tuvieron ambición imperialista alguna. Renunciaron a llevar la guerra lejos de su territorio, no fundaron colonias, no se dedicaron al tráfico marítimo ni aspiraban al dominio del mar. Sólo en el contexto de su ciudad y por obra de ella, pueden los hombres alcanzar los bienes de sencillez, prudencia y fortaleza; por eso no es injusto ni desmedido arriesgar la vida para que la ciudad siga viviendo.
Extraído del libro “Ideas y formas políticas. De la antigüedad al renacimiento” – Ana Martínez Arancón, Elena Casas Santero, Ignacio Casas Santero - 2004
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