domingo, 21 de febrero de 2010

La subcultura del conflicto

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" Mayor interés científico tienen aquellos conflictos sociales que se mantienen durante décadas, siglos incluso. Movilizaciones que se heredan generación tras generación, trascendiendo cambios sociales y políticos, que son interpretados como insuficientes por gentes de generaciones distintas. Cabría pensar, un tanto ingenuamente, que si un conflicto social dura décadas o siglos será porque las condiciones objetivas que lo generaron permanecen. No es ésta en absoluto la respuesta: hay casos concretos que demuestran que incluso cambiando drásticamente las condiciones objetivas continúa el conflicto: piénsese, por ejemplo, en el País Vasco desde las Guerras Carlistas hasta la actualidad.
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Algunos conflictos, por las consecuencias sociales y culturales que se derivan de su larga duración o por no resolverse adecuadamente a juicio de un sector social, generan una serie de dinámicas culturales propias, derivadas de las estructuras mentales y culturales generales, pero con una serie de rasgos específicos, a esto es lo que llamamos subcultura del conflicto. Ejemplo, los conflictos de tipo nacionalista.
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Se detecta en todos estos casos cierto grado de lo que podríamos definir como irredentismo ideológico, es decir, la permanencia de determinados objetivos colectivos por encima de las vicisitudes concretas del conflicto, por muy frustrantes que éstas puedan llegar a ser. También, en muchos casos, actitudes mentales no exentas de algún componente irracionalista.
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Los componentes de esta subcultura son:
- Actitudes mentales fatalistas, que puede que normalmente sean las mayoritarias, pero que por su propio carácter a menudo resultarán políticamente poco significativas y, por tanto, no siempre fáciles de detectar por el investigador. Típica actitud fatalista que encontramos en comunidades que han sufrido un período de agitación intenso es la conocida como negación de la historia.
- Actitudes revanchistas, normalmente ligadas a recuerdos mitificados de un pasado heroico frustrado de forma indigna y explicado en términos maniqueos de héroes, mártires, villanos, traidores, etc.
- Minorías fundamentalistas, determinados movimientos de este tipo generan también la aparición de grupos radicalizados en términos ideológicos y con diverso grado de institucionalización: el caso extremo serían las llamadas contrasociedades agresivas, grupos social y culturalmente cerrados que con frecuencia adoptan actitudes intolerantes y agresivas contra el resto de la sociedad. La actividad de estos grupos suele gestarse en un ambiente caracterizado por cierto grado de desarticulación de las formas previas de sociabilidad, de descrédito de los centros de poder social, cultural y político y de falta de confianza en los valores y normas generalmente admitidos.
- Irredentismo ideológico, es decir, la persistencia de determinados objetivos políticos por encima de la racionalidad táctica y de planteamientos ideológicos desfasados o inapropiados políticamente. Ejemplo, los movimientos nacionalistas europeos.
- Lenguajes, símbolos, mitos y otros rasgos culturales diferentes vinculados con la privacidad, que en ocasiones han sido interpretados como fenómenos contraculturales pero que últimamente tienden a ser interpretados como componentes de los marcos identitarios, que juegan un papel muy relevante en la construcción de la identidad colectiva de los grupos de protesta."
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Extraído del libro "Fundamentos teóricos del conflicto social" - Pedro Luis Lorenzo Cadarso

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