"Estas páginas son un fragmento de las "Memorias Amables", que ya muy viejo empezó a escribir en la emigración el Marqués de Bradomín. Un Don Juan admirable. ¡El más admirabe tal vez!.
Era feo, católico y sentimental."
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"En achaques de amor ¿quien no ha pecado alguna vez? Yo estoy íntimamente convencido de que el Diablo tienta siempre a los mejores. Aquella noche el cornudo monarca del abismo encendió mi sangre con su aliento de llamas y despertó mi carne flaca, fustigándola con su rabo negro. Yo cruzaba la terraza cuando una ráfaga violenta alzó la flameante cortina, y mis ojos mortales vieron arrodillada en el fondo de la estancia la sombra pálida de María Rosario. No puedo decir lo que entonces pasó por mí. Creo que primero fue un impulso ardiente, y después una sacudida fría y cruel: La audacia que se admira en los labios y en los ojos de aquel retrato que del divino César Borgia pintó el divino Rafael de Sanzio. Me volví mirando en torno: Escuché un instante: En el jardín y en el palacio todo era silencio. Llegué cauteloso a la ventana y salté dentro. La Santa dió un grito: Se dobló blandamente como una flor cuando pasa el viento, y quedó tendida, desmayada, con el rostro pegado a la tierra. En mi memoria vive siempre el recuerdo de sus manos blancas y frías: ¡Manos diáfanas como la hostia!..."
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Extraído de Sonata de Primavera - Ramón del Valle-Inclán
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