
“Si una rosa infinita me estallase en el pecho
y, al llegar el crepúsculo, floreciera en mis labios,
¿dejarías que fuese removiendo las sombras
-porque vives en sombras- con mis manos sedientas,
con caballos de insomnio galopando en mi frente,
a ponerla despacio en tus hombros nocturnos?”
Antonio Gamoneda – del libro “Primeros Poemas”
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