“-…Unos sesenta mil indios y mestizos absolutamente salvajes…Nuestros inspectores los visitan de vez en cuando; aparte de ellos, no mantienen comunicación alguna con el mundo civilizado; conservan todavía sus repugnantes hábitos y costumbres; matrimonio, suponiendo que ustedes sepan a qué me refiero, familias. Nada de condicionamiento. Siguen manteniendo monstruosas supersticiones como el cristianismo, los totemismos y la adoración de los antepasados; lenguas muertas, como el zuñi, el español y el athabasco; pumas, puercoespines y otros animales feroces…, enfermedades infecciosas…, sacerdotes…, lagartos venenosos…”
“-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
- A nosotros no-dijo el interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.
- Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, peligro real, libertad, bondad, pecado.
- En suma-dijo el interventor-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
- Muy bien, de acuerdo-dijo el salvaje, en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado.
- Sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, a tener sífilis y cáncer, a pasar hambre, a ser piojoso, a vivir con el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho, en fin, a ser un hombre atormentado.
Siguió un largo silencio.
-Reclamo todos estos derechos-concluyó el salvaje.
El interventor se encogió de hombros.
-Están a su disposición-dijo. ”
“-Es que a mí me gustan los inconvenientes.
- A nosotros no-dijo el interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.
- Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, peligro real, libertad, bondad, pecado.
- En suma-dijo el interventor-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
- Muy bien, de acuerdo-dijo el salvaje, en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado.
- Sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, a tener sífilis y cáncer, a pasar hambre, a ser piojoso, a vivir con el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho, en fin, a ser un hombre atormentado.
Siguió un largo silencio.
-Reclamo todos estos derechos-concluyó el salvaje.
El interventor se encogió de hombros.
-Están a su disposición-dijo. ”
Extraído de "Un mundo feliz" - Aldous Huxley
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